Era Pintón un burrito
muy fino y muy elegante,
siempre dispuesto a lucirse
cuando salía a la calle.
Le gustaba presumir
y bailar por soleares.
Tenía razones para ello,
su amo era el alcalde,
tío Fiambre.
Un día salió a pastar
a la huerta de Pandora
y se encontró de sopetón
con la burrita Ramona.
“¡Qué bonita!”
Pensó el burrito Pintón.
“A esta chatita tan mona
La pido yo relación.”
Se miraron de reojo
y Pintón la guiñó un ojo.
Muy rico el señor alcalde
vivía en un gran palacio
y tenía un mayordomo
con apellido canario.
Este señor al burrito
todito le consentía
y le invitaba a postres
y él pedía chucherías.
Llegó el día
y el burrito, muy prudente.
Todos los burros presentes,
sin parar y el que más y las que menos,
llegaron a rebuznar.
El mayordomo en cuestión,
siempre le daba propinas
y a la burrita chucherías
